Verdades y mentiras sobre la buena alimentación

La gente cuando va a hacer dieta lo primero que piensa es en lo que no va a comer. No más pan, no más dulces, no más postres. Pastas cada quince días. Asado, un fin de semana por medio. Pero estos alimentos no engordan. Lo que engorda es la forma desmedida y desordenada en que los consumimos.

1- Un buen dato es no ir al super con hambre. Porque cuando tenemos hambre, no es hambre de manzanas, es hambre de todo. Hambre voraz y de lo más calórico. Y el deseo se vuelve inamovible a ese o a esos alimentos que quisiéramos comer. Siempre lo prohibido ha sido lo más tentador, ¿o no? El que hace dieta y se restringe las comidas rápidas está constantemente pensando en pizzas. Ve, sueña, huele un fugazza con doble queso. Entonces, ¿Somos realmente capaces de decir “¿Pizza? No, gracias. Prefiero una Waldorf”? Imposible.

Si lo que quieres es tener una buena alimentación, debes ser conciente de lo que compras en el supermercado y de lo que preparas durante la cena. Y si tienes hambre mientras haces estas cosas, posiblemente te cueste no pensar en algo bien calórico que calme tu hambre.

la buena alimentación

2- El segundo aspecto es la práctica. A comer, como todo proceso en la vida, se aprende. Y en este caso, y en muchos casos, se reaprende.

Debemos aprender a comer en estación. ¿Qué quiere decir esto? Comer los alimentos que han sido cosechados en esa época. ¿Esto qué nos va a garantizar? Un control y un equilibrio en nuestro peso. Y por ende, un goce en nuestra salud. ¿Por qué? Porque los alimentos cosechados propios de su época son los alimentos más naturales, son los alimentos más ricos en nutrientes, y no están tratados químicamente para subsistir en el tiempo. Es decir, no están adicionados con calorías innecesarias para nuestro cuerpo. ¿Tu crees que es normal ver frutillas todo el año? Pues no.

Entonces este mecanismo llevado a la práctica nos va a garantizar un consumo de calidad y de variedad donde no vamos a caer en la monotonía de comer siempre lo mismo.

3- El último aspecto es la moderación. ¿Qué quiero decir con esto? Que el hambre se acumula y no es manejable si se restringen o si se saltean comidas.

Lo que no se consume en el día, se va a consumir en la tarde o noche y en doble porción. Para hacerlo más gráfico; es como un bola de nieve que viene desde la cima cada vez con más tamaño, cada vez con más volumen, y cada vez con más fuerza. Entonces, si no nos detenemos cada tres, cuatro horas para tomar una colación esa bola de nieve se va a desatar de forma voraz en el primer momento en el que tengamos la oportunidad de comer y vamos a desatar con todos los alimentos que estén en nuestro alrededor.

Para ir terminando, junto con esto quiero desmentir la falsa creencia que dice que cuantas más horas pasemos sin comer, más peso voy a perder, y no. El cuerpo comienza a guardarse sus reservas, es decir que guarda azúcares, grasas y todo lo que queremos eliminar de nuestro cuerpo.

La comida no solo te hace engordar salgamos por favor de esa ignorancia. La comida te puede enfermar o te puede curar. Depende de nosotros, de tomar conciencia con qué nos estamos alimentando y en qué cantidad.

Así como existe la conocida frase: “Beber con moderación”, debería existir una de “coma con moderación“.

Yo les propongo comer rico, comer todo lo que les guste, comer variado, pero siempre cuidar la porción. No por nada existe la frase “Desayuna como rey, almuerza como príncipe y cena como mendigo.” La salud no tiene excusas. “Ay, no puedo”, “ay, no tengo”, “ay, me pasó el hambre” o peor. “Ah, es que me moría de hambre.” Tenemos cuatro oportunidades al día para elegir cómo cuidarnos y alimentarnos sanamente.

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